Comer sano en tres tiempos

Existe la creencia de que una alimentación sana está centrada en lo que ponemos en el plato de comida. Sin embargo, la alimentación saludable va más allá, abarca más momentos y factores de los que normalmente imaginamos.

Comer saludablemente, un hábito más allá del plato/Foto: Thinkstock
Comer saludablemente, un hábito más allá del plato/Foto: Thinkstock

Antes
Cuando aún no adquieren el estatus de alimento, las verduras, las frutas y los animales son seres vivos. Pero la industrialización de los alimentos, así como la explotación agrícola y ganadera, han hecho que esos seres vivos se desarrollen en las peores condiciones de cultivo y crianza; son rociados con cantidades absurdas de pesticidas, inyectados con hormonas y antibióticos, y sometidos a modificaciones genéticas para las cuales no estamos preparados.

Foto: Thinckstock
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Las autoridades de salud dicen que aún no hay “estudios concluyentes” que lleven a prohibir ciertas prácticas. Pensando en mi salud y en la salud de las personas que aprecio, no creo que sea una buena opción esperar a que, después de hacer sus pactos legales y financieros, las "autoridades" finalmente publiquen los “estudios concluyentes”. Basta comprender un principio básico (el principio de la asimilación): somos lo que comemos. Una alimentación sana no empieza en el plato; alimentos sanos vienen de seres vivos sanos. ¿Y qué hay detrás de esos seres vivos sanos? Productores con ética, agricultores que respetan la tierra y sus ciclos, criadores que comprenden que para faenar a un animal no hay que maltratarlo.

Durante
En cada comida hacemos elecciones y concesiones. Si no tenemos tiempo de ir al mercado local a elegir los alimentos, si tampoco tenemos mucho tiempo para cocinar, al menos podemos elegir dónde, cuándo, cuánto y qué comer. Estas elecciones también pasan por un factor social: con quién comes. A muchas personas les cuesta trabajo mantener sus intenciones de alimentarse sanamente porque comen con personas que no piensan en comer equilibradamente. Por otro lado, debido a que existe un concepto mal entendido de lo que implica comer sano, hay quienes ya no pueden disfrutar el acto de comer porque están contando calorías y procesando las culpas desde el momento en que se sientan a la mesa. Elegir una alimentación sana también pasa por un acto de socialización. Uno no tiene que sentarse a la mesa para dar cátedra sobre los alimentos “buenos” o “malos”, basta con disfrutar nuestras elecciones y compartirlas con los demás.

Foto: Thinkstock
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Después
En las comilonas familiares soy de las que se para a recoger los platos, lavarlos y ordenar la cocina. Alguna vez, en un tono sarcástico, me dijeron: “¡Pero cuánto entusiasmo por lavar los platos!, parece que te entrenaron muy bien”. El comentario me cayó mal por venir de una persona malintencionada, pero nada más. Mi “entusiasmo” no viene de un “entrenamiento” sino de un aprendizaje corporal: una actividad moderada después de comer copiosamente permite que el organismo haga mejor la digestión. Por ejemplo, cuando uno trabaja y come fuera de casa, una caminata de 15 minutos de vuelta a la oficina (o usar las escaleras en lugar del ascensor) es una opción bastante saludable.

Lo mismo ocurre después de cenar. Es cierto que, con el cansancio del día y el estómago lleno, uno sólo quiere quitarse los zapatos y acostarse a ver la tele. Aunque eso nos desconecta del estrés, no es necesariamente la opción más saludable. Un estudio realizado por la Universidad George Washington la Escuela de Salud pública, mostró que una caminata de 15 minutos después de cenar ayuda a regular los niveles de azúcar y reduce el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

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En condiciones normales, media hora después de comer ocurren fluctuaciones de azúcar en el cuerpo, el páncreas libera insulina y el azúcar se va al hígado como reserva. Pero a medida que envejecemos (sobre todo si pasamos gran parte del día sin actividad física), nuestro cuerpo se hace menos eficiente para regular el azúcar, de ahí que el sedentarismo sea uno de los factores que determinan el desarrollo de enfermedades crónico degenerativas. Una actividad moderada después de comer pone a trabajar a los músculos; esta ligera demanda de energía ayuda a regular los niveles de azúcar tanto como la insulina.

Twitter: @luzaenlinea

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