Entre el orden y el caos

Una pareja desastre

Al llegar a casa, va dejando un rastro de ropa y objetos desde la puerta hasta el baño, calcetín por aquí, zapato por allá, la cartera de aquel lado, la gabardina del otro. El periódico que leyó hace tres días sigue sobre el sillón y la mancha de salsa de tomate (que derramó hace dos días sobre la alfombra) se está convirtiendo en una costra café. Nunca encuentra sus llaves, pone a lavar ropa y la olvida dentro de la lavadora, sobre el escritorio que ambos comparten tiene una pila de papeles desde hace meses. En resumen: tu amorcito, tu media naranja, esa persona querida con la que vives y convives tiene nula noción de orden, y sólo por mera sobrevivencia hace la limpieza cada dos semanas y en lugares estratégicos.

Absurda e inútilmente, el que es ordenado tiende a odiar en secreto a sus suegros: ¿cómo permitieron que su pimpollo se convirtiera en semejante desorden con patas?  También se jala las greñas de rabia: ¿cómo me fui a enamorar de este pedazo de caos? Y del otro lado de la escena, la pareja desastre está feliz en su caos, relajado, sin broncas, esperando a llegar al límite de su tolerancia para comenzar a ordenar un poco.

Pero, ¿se puede vivir con una pareja desastre sin morir en el intento? O del otro lado, ¿se puede vivir con un maniático del orden sin volverse loco? Antes de responder, hay que partir de una idea:  la casa es ese maravilloso refugio donde uno puede hacer y deshacer a su antojo. Pero una cosa es cuando se vive solo y otra cuando se vive en pareja o en familia. La casa ya no es tuya o mía. La casa es nuestra. Visto de esa forma, el orden es necesario para convivir, no podemos invadir el espacio del otro con nuestro caos personal, a menos que nos importe un pepino o nos guste pelear. Ni el orden ni el caos deben imponerse, ambos son necesarios para vivir relajados, creativos y en paz.

Para comenzar a soltarse y a tomar conciencia de la dimensión del asunto, aquí hay algunos puntos a considerar:

  • Sería ideal que tu pareja desastre comprendiera el sistema con el que clasificas, ordenas y etiquetas el mundo, pero digamos que, metafóricamente, si no puede "leer tus letreritos",  no es porque no quiera, es porque sus ojos miran otros volúmenes y formas. En otras palabras, el orden para él no es tan importante como para ti, pero poco a poco pueden adaptarse uno al otro.
  • No te desgastes calentándote la cabeza con maldiciones. Si tu pareja es desordenada o demasiado obsesiva con el orden, no lo hace "para molestarte". Simplemente, es su estilo de vivir,  un estilo distinto al tuyo. Si insistes en cambiarlo, lo más seguro es que encuentres resistencia, porque a nadie le gusta escuchar que vive del lado equivocado.
  • No mires los detalles, abre la perspectiva y ajusta el objetivo. En general, lo que se busca es vivir en un lugar tranquilo, sereno, donde cada quien se sienta a gusto, en libertad de ser uno mismo mientras respeta al otro. Es posible que el caos y el orden convivan, pero hay que crear un sistema (de acción y pensamiento) que funcione, un sistema que ambos se comprometan a respetar.
  • El problema no es el desorden, es que tu pareja venga y lo deposite justo donde tú estás. ¿Han pensado en reservar espacios exclusivos para el caos? Una esquina, un estante, un cajón, un clóset, una habitación entera... Todo depende de dos variables: la dimensión del caos y el tamaño de la casa.
  • Para los objetos que continuamente se extravían, como las llaves, o aquellos que quedan regados en cualquier lugar, háganse a la idea de ponerlos siempre en un mismo lugar, un lugar visible, dentro de un canasto, una caja, en un botecito, un colgador... todo sirve cuando se trata de ahorrar peleas y búsquedas absurdas. Aunque no lo crean, casi toda la gente caótica se entusiasma al usar gadgets del hogar tipo 'ganchito multipropósito'.
  • Para los coleccionistas y los que guardan todo "por si acaso", hay que establecer un punto de negociación y compromiso: la colección, los papelitos, las miniaturas, las latas y los comics no pueden rebasar el espacio reservado para ellos.
  • No pierdas el sentido del humor, convierte el caos o la obsesión por la limpieza en un motivo para que ambos rían y aprendan a convivir; recuerda que se trata más de respetarse y adaptarse, que de imponerse.

¿Y tú, has vivido con una pareja desastre o con un maniático de la limpieza? ¿Cómo hacen para convivir?