Ser buena anfitriona

Tengo unas cuantas amigas que no invitan jamás a comer a sus casas porque dicen que no se tienen confianza, las pone nerviosas cocinar y las estresa organizar todo. Prefieren invitar a un restaurante. Es un tema que me maravilla porque, junto con otro grupo de amigas más relajadas, amo invitar gente a comer, me encanta agasajar gente en casa.

Brillat-Savarin, el célebre gastrónomo que acuñó la conocida frase "Dime qué comes y te diré quién eres", decía que invitar es hacerse cargo de la felicidad de alguien mientras está bajo nuestro techoMaravilloso poder de síntesis para describir una de las situaciones más placenteras que se pueden vivir: una cena de amigos.

En realidad un poquito de nervios siempre se sienten, porque una se esmera por tener todo lo más perfecto posible y siempre se puede sufrir algún sobresalto con la comida, con la bebida o por algún traspié con el gusto de los invitados. Pero si se siguen algunos pasos ordenados es fácil llegar al éxito y consagrarse como buena anfitriona. La clave reside en que tanto una reunión pequeña como una gran fiesta exigen un plan previo. Y ya se sabe que "hombre prevenido vale por dos" (y mujer también). Como cualquier ocasión es buena para festejar, acá van los trucos del camino al éxito.

¿Cómo hacer para que la reunión marche como un reloj?

Planifica desde varias semanas antes y confía en las listas

Comienza por la lista de invitados y recuerda incluirte junto con tu marido ya que es bastante usual olvidarse de uno mismo en el recuento. Tilda a quién te ha confirmado asistencia y chequea con los dudosos.

Sigue por el menú y las recetas para armar la lista de compras separada en perecederos y no perecederos. Estos últimos y las bebidas se pueden adquirir con mayor anticipación para desdoblar la tarea.

Anota lo que puedas preparar de antemano en tu agenda en los días que correspondan.

Controla la mantelería, la cristalería, los platos, los cubiertos por si debes pedir prestado o alquilar algo. Estima los platos de servir que precisarás para que no te encuentres desmoldando un paté o una torta sin tener la fuente adecuada.

Anota los ítems del último día: las flores, el pan, los adornos de la mesa, leña para el fuego si vas a encender el hogar o carbón para la parrilla, toallas para las visitas, hielo, etc.

Escribe un plan detallado de la preparación de la comida con los distintos momentos para cada paso con las decoraciones y complementos de los platos (salsas, mostazas, salseras).

Último, pero no menos importante, haz la lista de la ropa que van a usar tu marido y tú para tener todo revisado de antemano y que no te encuentres con que falta un botón o está manchada tu blusa. Todo lo que puedas anticipar en la semana evitará corridas de última hora.

Las invitaciones

Es en parte un don y en parte experiencia combinar bien la gente que se invita. No toda la gente pega. En una reunión pequeña es necesario que los invitados tengan intereses comunes o cierto grado de afinidad. Más aún si se trata de una reunión de negocios o con colegas de trabajo.

La invitación debe ser clara indicando si es formal o no de manera que no llegue nadie en bermudas y sandalias a una cena de traje. En general no acostumbramos colocar tarjetas identificatorias pero nunca es tarde para adoptar una buena idea. Facilita mucho la comunicación de una reunión numerosa si a los  invitados se les da, en tono de broma y aclarando que tratas de que todos se comuniquen bien, una tarjeta de identificación donde diga por ejemplo "Juan Pérez, pediatra, me gusta pescar", "María González, abogada, amo la música".

Es muy importante recibir a cada uno con amabilidad y presentar a todos claramente apenas lleguen (http://www.protocolo.org/ ). Si la reunión es numerosa se presenta el recién llegado tratando de incorporarlo a un grupo de afinidad. En caso de un invitado muy tímido se puede ayudarlo a participar si se le pide, por ejemplo, ayuda para servir los tragos. Cuando la reunión esté finalizando es igual de importante despedir bien a los invitados. Queda muy mal hacer comentarios de la gente que ya se retiró de la reunión; es tan feo como hacer comentarios mientras están presentes.

Las bebidas

Por lo general son el rubro masculino de la organización de la reunión. Para los tragos hay que tener previstas rodajas de limón, soda, suficiente hielo, servilletas, sacacorchos,  copas, vasos y las bebidas, todo junto en un sólo lugar para facilitar la tarea. Vino blanco, tinto, espumante, deben estar a temperatura correcta y en cantidad suficiente. También hay que prever gaseosas o jugos para quienes no beben alcohol. Disponer de repasadores limpios o toallas de papel en cada lugar ayuda  a salvar pequeños accidentes.

La mesa

Una mesa bien puesta es mitad del éxito. No necesita ser lujosa pero todo tiene que estar impecable. No debe faltar un buen centro de flores o de frutas, las servilletas deben estar dobladas con gracia aunque sean de papel y todo lo necesario debe estar sobre la mesa: posa fuentes, paneras, sal, pimienta, cubiertos para servir.

La comida

El menú debe ser equilibrado, acorde con la estación, ni muy liviano ni muy denso. Cuentan la presentación, los colores y las combinaciones. Que no sea todo para llevar al horno, que te alcance el tamaño de las ollas o que pueda calentarse a último momento, son datos anti-estrés. Regla de oro número uno: jamás pruebes una receta nueva con visitas. Regla número dos: no sirvas carnes raras como liebre, conejo o caracoles sin estar totalmente segura de que los invitados las comen.

El servicio

Prepara bandejas a mano para traer y llevar. Aunque parezca exagerado, pon una lista en la cocina con la secuencia de todos los platos y sus acompañamientos para no darte cuenta al día siguiente de que serviste el postre sin la salsa de chocolate. Sea cual fuere el menú, tienes que tener presente las excepciones: si alguien no puede comer con sal o con harina hay que prepararle algo especial que, en lo posible, tenga el mismo aspecto de lo que se sirve a los demás. Regla de oro número tres: todo tiene que estar listo veinte minutos antes de que la gente llegue.

 

Tu comodidad

Si no tienes ayuda, limita el número de platos para no tener que levantarte a cada rato de la mesa. Deja los platos de postre a mano, el servicio de café en una bandeja y pon la mesa la noche anterior.

La reunión inolvidable

Si llegas descansada, si preparas dos o tres temas divertidos (¡ni política ni religión ni enfermedades en la mesa!) para facilitar la conversación, si todo se desenvuelve en calma y sin apuros con tiempo entre plato y plato para que la gente converse, si no faltan bebidas, tu reunión será un éxito.

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