Cómo ser una buena anfitriona

Las reuniones de amigos en casa son unas de las alternativas más auténticas de las relaciones interpersonales. Hay quienes prefieren la neutralidad de un restaurante o un café; pero nunca sería igual ese encuentro con personas queridas y las que, amigas de tus amigos, te visitan por primera vez.

La casa, ha sido trascendental para la especie humana. De hecho, las evidencias arqueológicas de los hombres primitivos y de las antiguas culturas se concentran en los lugares donde éstos habitaron: en cavernas al principio y en las modestas chozas que devinieron las casas que conocemos hoy. En la Grecia clásica, cinco siglos A.N.E., donde se sembró la semilla de la civilización occidental, la casa alcanzó una dimensión superior con el concepto del oikós, pasando de simple habitáculo al centro a cuyo alrededor estaba organizada la vida. Salvando las diferencias entre la vida rural y la urbana, el oikós se corresponde, al menos en su significado emotivo, con el hogar.

Abrir las puertas a los amigos suele promover sentimientos de fidelidad y amor más intensos que cuando las relaciones con ellos se desarrollan en otros contextos menos apreciados. Tal vez sólo en circunstancias muy adversas, como la guerra, se logren lazos tan estrechos. En casa, tus amigas pasan al interior de tu intimidad, y el afecto que hasta ahora habían cultivado mutuamente se despoja de frivolidad y se colma de una familiaridad que favorece el entendimiento y la complicidad.

Este papel del hogar en la vida, no deja de tener un componente solidario que parte de la gens primitiva, donde todos necesitaban de todos y las puertas no tenían cerraduras. Habría que volver a los griegos para entender el concepto de la hospitalidad. La filoxenia de aquella cultura fundadora se traduce como "amor a los extraños" y amparaba la obligación de poner la casa al servicio de los invitados. El término y su contenido pasaron a Roma con el vocablo latino de hospitare —recibir como invitado —, que implicaba que el anfitrión estuviese preparado para cumplir los requerimientos básicos de la atención a un huésped: alimentación, bebidas y alojamiento o refugio.

Una medida de la importancia del huésped en la antigüedad es que fuera Zeus, el dios de dioses de los griegos, el patrón de los invitados, quien podía desatar su ira cuando alguno no fuese atendido de acuerdo a aquellas normas que hoy parecen olvidadas.

Para ser una buena anfitriona lo imprescindible es dar lo que puedas con amor. Las amigas y amigos que acudan a tu casa no deben esperar lo que no está a tu alcance ofrecer. De hecho, si son en realidad lo que se dice amigos, no esperarán nada material, sólo las muestras de ocupar un lugar especial en tu corazón. Y eso se consigue con un vaso de agua.

No obstante, para recibir a los amigos es necesario prepararse. No para dar una imagen falsa o superior a tus medios, sino para que ellos se sientan todo lo bien que desean y para que comprendan que los recibes con grandes deseos de hacerlo. Sería aconsejable que no intentaras incurrir en gastos extraordinarios, porque la verdadera amistad no se cultiva con el abono de las facturas; lo mejor es que ese encuentro tenga un contenido aglutinador y propiciaras la charla sincera sobre temas que fuesen del interés y el agrado de todos, porque si hay amistad existen intereses comunes. Nada tan frustrante como una reunión donde un par de participantes extrovertidos acaparan la atención hablando de asuntos que no importan a los demás.

Mis consejos para que seas una anfitriona perfecta no son muchos. Es bien simple serlo. En primer lugar, escoge bien el día y la hora en que puedas dedicarles todo tu tiempo. Nunca invites a nadie cuando tus hijos están en exámenes o tu marido esté remodelando la cocina, ni cuando tengas la urgencia de terminar un trabajo en casa.

No pongas límites a la reunión. ¿Imaginas lo que significa decirles a tus invitados que te tienes que ir a dormir por cualquier motivo, aunque sea real?

No les esperes con la mesa puesta. Permite que ellos entren a tu cocina y te ayuden con el bufet o las bebidas. O que cocinen contigo si el encuentro incluye la comida. Espéralos, eso sí, con tu casa limpia. Y ordenada de acuerdo a tu concepto del orden. Las amistades deben verte como eres y nosotras, a veces, nos esforzamos demasiado por dar una imagen agradable apartándonos de quienes verdaderamente somos.

Recibir a los amigos en casa debe ser una satisfacción, para ti y para tus invitados, que debe comenzar con la voluntad de hacer participar a personas queridas de tu vida cotidiana, como una versión moderna de las cavernas del paleolítico, refugio de seres que se necesitaban y se amaban.

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