¿Es posible la amistad entre hombres y mujeres?

Es un tópico, claro. Y como todo tópico tiene fanáticos y detractores.

Hemos estado haciéndonos esta pregunta por un largo tiempo, y la respuesta es, por lo general, no, porque el sexo siempre se cruza en el camino.

La amistad profunda es una forma de amor - ThinkstockLa amistad profunda es una forma de amor - Thinkstock

La historia del cine está plagada de historias con el mismo arco narrativo: lo que comienza como una amistad termina en la cama.

En el siglo XIX, por ejemplo, la noción de amistad entre géneros era el camino que llevaba al matrimonio. Hoy en día se podría afirmar que, si bien la amistad es una parte de lo que llamamos amor, el sexo se puede sublimar y dejar que el vínculo sea meramente platónico, sin conducirnos a la cama ni al altar.

Decirlo es fácil, pero, ¿y hacerlo?

Una de las soluciones más comunes al dilema es tener relaciones sexuales y luego seguir siendo amigos. Si el asunto del sexo se interpone, la respuesta a menudo parece ser simplemente sacarlo del camino.

Sin embargo, esta opción tampoco es sencilla: tal vez no haya suficiente atracción, tal vez no saber si va a funcionar haga que uno piense que no vale la pena arruinar una relación de amistad.

La amistad no es el noviazgo. No tiene un comienzo, un desarrollo y un final. Las historias sobre la amistad profunda de cualquier tipo son relativamente poco frecuentes. Y, por supuesto, la amistad no es sexy.

Deberíamos empezar por aceptar que tenemos problemas, en nuestra cultura, con un amor que no se base en el sexo o en la familia. Entendemos las relaciones románticas, y entendemos la familia, y eso es todo lo que parecemos entender.

Tenemos problemas con el amor asimétrico de maestro y aprendiz, profesor y alumno, guía y guiado, tenemos problemas con la camaradería, con el vínculo que proviene del trabajo compartido, intenso, y tenemos problemas con la amistad, al menos con esas de tipo íntimo. Cuando imaginamos esas relaciones, parece que no nos queda otra que sexualizarlas

Sin embargo, los más jóvenes, que han crecido con el movimiento de derechos de los homosexuales y en muchos casos han ido a colegios están abiertos a un abanico más amplio de posibilidades emocionales.

Yo, tal vez porque he sido la única mujer entre hermanos varones, no he tenido este problema con tanta frecuencia. En general, a lo largo de mi vida, he tenido muchos amigos del alma del sexo opuesto. No es que nunca haya habido atracción sexual, pero normalmente no he tenido mayores inconvenientes con platonizarlas, volverlas no sexuales.

La amistad entre los sexos me da más la sensación de que tiene que ver con sentirse libre de amar a quien uno quiera, de la manera en que uno quiera.

¿Tú qué crees?

Twitter: @aleherren

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