Amores reñidos, ¿los más queridos?

Por Victoria Villaamil

Una discusión es un intercambio de opiniones, no una batalla campal. Para evitar herir al contrario, debemos recordar que le queremos. Aquí tienes 7 reglas de oro para discutir civilizadamente, fomentando la comunicación directa y la resolución de conflictos.

Todas las parejas discuten, aunque lo nieguen. Pero lo importante no es hacerlo, sino cómo lo haces y la forma en que lo resuelves.

Hay que aprender a discutir sin perder las formas.

Discutir con la pareja no solo puede ayudarnos a resolver algunos conflictos, también puede darnos más años de vida. Según una investigación, divulgada por la revista 'Journal of Family Communication', los matrimonios en los que sus miembros se tragan su indignación pueden sufrir una muerte prematura.Vamos, que no siempre es bueno morderse la lengua y tragarse la frustración para no emprender una nueva 'batalla'. La clave está en saber decir las cosas y ser consecuente.

De hecho, en las parejas en las que uno o los dos manifiestan sus sentimientos y sus protestas y resuelven los conflictos, la longevidad es mayor.

"Cuando uno reprime su ira, oculta su resentimiento y no trata de resolver el problema, entonces hay problemas", explica Ernest Harburg, profesor de la Universidad de Michigan y director del estudio.

Pero, ¡cuidado! Discutir no tiene sentido si solo lo hacemos para desahogarnos, soltar sapos y culebras por la boca y liberar el estrés. Hay que buscar siempre lo positivo de una discusión, en qué hemos fallado, cómo podemos evitar que vuelva a suceder o cómo hacer que la próxima vez sea menos grave.

Para que sirva de algo...

Identificar el verdadero motivo que nos preocupa, no el que ha generado la decisión, que puede ser cualquier nimiedad como olvidarse de comprar el pan, poner la lavadora o llamar para avisar que llegas más tarde. En la mayoría de los casos, hay un trasfondo detrás que debemos ser capaces de sacar a la palestra. Bien sea que nos sentimos ninguneado, que parece que el otro no nos escucha porque siempre se le olvida todo, que no nos tienes en consideración, etc.

"No pasa nada". Una frase que, pronunciada por uno u otro, oculta algo. Pasarse días ofuscado, taciturno y sin hablar no es bueno. Hay que ser francos y plantar cara a la realidad aunque tengamos miedo a lo que pueda pensar el otro. Es mucho peor quedarse esperando a que descubran qué nos pasa.

Reconocer la culpa y pedir perdón. Nadie es perfecto y puede que se nos vaya la fuerza por la boca o perdamos las formas. Mucho cuidado con invadir el espacio del otro acercándonos demasiado, elevar el tono de voz y mostrar conductas agresivas que intimiden. Esas salidas de tono dejan su poso en la relación, es mejor rectificar cuando antes y dejar atrás el orgullo.

Tener la última palabra. Una discusión  no debe ser una competición en la que luchemos para ganar, quedar por encima del otro, y apuntarnos un tanto en nuestro marcador. Deja hablar al otro y no le interrumpas. El objetivo no es terminar diciendo: "Te lo dije, ¿ves cómo yo tenía razón?"

Cambiar al otro a toda costa. Cuando os enamorasteis, te gustaba como era. Si ahora te molesta todo de él o ella, no soportas sus manías o eres incapaz de respetar sus ideas y personalidad, y le amenazas con perlitas tipo: "si no dejas de hacer esto o se acabó"… quizás es el momento de replantearse la relación, ¿no crees?

Negociar, negociar y negociar. Ya sé que suena absurdo, que lo vuestro no es un negocio ni se fundamenta en un pacto empresarial, pero la clave está en la diplomacia y en saber ceder fifty-fifty; es decir, a partes iguales.

Llegar a una conclusión. Tendréis que pensar en soluciones positivas y en cómo evitar que se vuelva a repetir. Valorar si la solución será a corto o largo plazo, si es beneficiosa para todos o solo para uno y si es muy difícil de llevar a cabo o no.

Al final, debes tener tu final feliz, un abrazo intenso y sincero (por ambas partes, sin ganadores ni perdedores) que simbolice el compromiso que habéis adquirido. No repetir errores,  mostrarse firmes, pero tolerantes y conceder un tiempo para hacer efectivos los cambios.