Quién dijo que pasar la barrera de los cuarenta es sinónimo de estancamiento, monotonía, sexo aburrido y falta de deseo? Por el contrario, las mujeres que ya pasaron la cuarta década viven la “segunda adolescencia” –como llaman a esta etapa algunos analistas– con plenitud y vitalidad. Tanto en la cama como en la vida. Las investigaciones que analizan la realidad de este segmento de mujeres contradicen aquella premisa que en otros tiempos confiscaba al género a pasar a “cuarteles de invierno” en cuanto arribaban a la cuarta década. El placer y el deseo no decaen necesariamente con el paso de los años. Más bien pueden resurgir. Sólo hay que intentar probar nuevas experiencias, desacartonarse y derribar tabúes y prejuicios. Como dice Claudia Panno, autora de “Ser feliz a los 40… primer manual de autoengaño para la mujer moderna” (Ed. Vergara), todavía queda mucho por disfrutar ahora que pasó la etapa de concreción. “A los treinta se llega con demasiados pendientes por cumplir. La mujer que siguió el mandato, tuvo hijos, se casó, estudió y se desarrolló profesionalmente, a los cuarenta empieza a preguntarse: ‘¿y ahora qué hago’? Y, por suerte, asegura Panno, “se anima a renovar ilusiones y a aprovechar las propuestas disponibles”. Cualquiera sea el estado civil en el que te encuentre el cumpleaños: soltera, divorciada con ganas de divertirte antes de renovar candidato o con quince años de matrimonio encima…
EN BUSCA DEL DESEO... ¿PERDIDO?
Un trabajo realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de California (que evaluó a más de 800 mujeres de entre 40 y 80 años oriundas de San Diego, Estados Unidos), concluyó que en esta franja etaria “a pesar de que la actividad sexual tiende a reducirse, el placer se mantiene estable. Justamente, más de la mitad de las mujeres entrevistadas reportaron tener lubricación y lograr orgasmos”. En el mismo sentido, la empresa Kimberly Clark propone hablar de “maduritud” para referirse a la etapa que va desde la mitad de los cuarenta en adelante. Un concepto que refleja “todos los aspectos positivos de este período en el que se combina la madurez con la energía de la juventud. Las mujeres –analiza el estudio– no se quedan, impulsan proyectos propios o colectivos, generan cambios en su entorno y socializan mucho más que la generación de sus madres”.
La investigación, que incluyó entrevistas a mujeres de entre 40 y 60 años de Argentina, Colombia, Costa Rica y Chile, reveló que el 83% de ellas se mantienen activas y tienen pocas ganas de quedarse en casa. La mayoría insistió en que a pesar de los cambios hormonales se sienten con mucha energía y asumen una actitud positiva frente a este nuevo tránsito. Es que, sin duda, el avance de la ciencia y la tecnología permite vivenciar estos años de manera más saludable y enérgica. En fin, los cuarenta marcan para muchas mujeres el inicio de una etapa de plenitud y por ende de liberación. “Una de las ventajas es que la imposibilidad de un embarazo no deseado posibilita mayor apertura sexual y relajación para disfrutar –analiza la psicoanalista de la Asociación Argentina de Psicoanálisis, Ana Delgado–. Porque después de la menopausia no necesariamente baja la libido sexual, simplemente puede decrecer la espontaneidad, por lo que la mujer necesita más tiempo de seducción previa para lograr la excitación”. “Después de los cuarenta –continúa Delgado– la personalidad está mucho más afianzada, solemos estar menos pendientes de la mirada del otro y nos paramos de otra manera para lograr lo que queremos. Además, en general se cuenta con mayor disponibilidad de tiempo y dinero para gastar, ahora que por ejemplo los hijos ya crecieron”. En definitiva, explica el doctor Eduardo Depiano, presidente de la Asociación Argentina para el Estudio de Climaterio, “son mujeres que saben que aunque ya no tienen 30 y son conscientes de que sus cuerpos están pasando por los cambios físicos que supone la menopausia, sienten que tienen mucha más capacidad y vitalidad para enfrentar posibles retos y obstáculos. Sentidos que eran impensables dos o tres décadas atrás”.
EROTISMO BAJO LAS SABANAS.
Si hay un punto en el que insisten los especialistas consultados, es en que se puede mantener la pasión a pesar de los cambios hormonales que llegan con la menopausia. Y es posible incluso a medida que se cumplen años de matrimonio. Es después de los cuarenta, coinciden los expertos, cuando se tiene la madurez necesaria para patear el tablero. Como dice la sexóloga Paola Kullock, “estamos más listas que nunca” si sabemos aprovechar las ventajas de lo que viene. “Tenemos el cuerpo en muy buen estado y la suficiente vida vivida para poder relacionarnos con nuestra sexualidad y con la pareja de otra manera. En fin, tenemos la mente abierta para sacarnos las frustraciones e inhibiciones de encima”.
Un estado de apertura mental, fundamental para transitar lo que la directora de PK Escuela de Sexo llama la tercera etapa de la sexualidad: la más lúdica de todas las que viviremos. “Hasta los veinte, no importa demasiado qué ropa interior tenés puesta, lo importante es hacer el amor, en cualquier lado y de cualquier forma –describe Kullock–. Después de los 30 aprendemos las sutilezas del sexo y la sexualidad empieza a pasar por el cerebro. Empezás a imaginar situaciones que vas a llevar a la práctica o no, pero es el momento en el que disfrutás de todo lo que aprendiste hasta el momento.Ya sabés lo que es tener sexo en la cocina y aprendiste a hacer un striptease. Es el momento en el que las parejas empiezan a ir a hoteles alojamientos”. Todas opciones motivadoras del deseo sexual que vale la pena tener en cuenta para que el aburrimiento no se meta en la cama, especialmente en la matrimonial. “Después de quince años de matrimonio es importante imaginar y generar situaciones que nos ayuden a desarrollar la mejor versión, más erótica de nosotras mismas. El buen sexo se imagina, se desea y después se pone en práctica. El buen sexo no es espontáneo. Es muy difícil ser madre, ama de casa, buena profesional y además ¡pretender tener buen sexo!”, resume Kullock y llama a disfrutar de la sexualidad en esta edad “maravillosa para la mujer”.
“Eso sí –aclara–, el buen sexo requiere de mucho trabajo, sobre todo al principio, y hay que ponerlo como prioridad. Así como cuando decidís empezar a ir al gimnasio y restarle tiempo a dormir o a otras actividades”. Y entre las tareas que vienen de la mano con la llegada de los cuarenta está la intensificación de “la previa”.
“Es la etapa en la que le pedimos mayor colaboración a los hombres –puntualiza Inés Zampieri, médica ginecóloga del Hospital Naval–, en la cama tiene que haber más mimos y caricias. La mujer necesita mayor estimulación del clítoris y juego erótico para seguir teniendo orgasmos y una vida sexual plena”. Un tiempo de “franeleo” que el género femenino defiende porque parte de una certeza: “las mujeres ya saben que lo importante –como dice el médico psiquiatra de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, Adrian Sapetti– no es únicamente llegar al orgasmo”. “Las mujeres se dan permisos que antes no se daban de probar nuevas prácticas en la cama”, explica Sapetti. Y agrega un dato fundamental: ¡cuidado con los antidepresivos, que muchas veces disminuyen la libido sexual! Hoy son muchos los recursos con los que cuenta la mujer –asegura Sapetti–, para contrarrestar los cambios físicos y emocionales que llegan entre los 48 y los 52 años, antes o después, con la baja de la actividad hormonal, especialmente de los niveles de estrógeno y progesterona. Los lubricantes externos (Poise acaba de lanzar al mercado una línea de productos que van desde crema humectante íntima hasta pañuelos para calmar los ataques de calor), las terapias de reemplazo hormonal, los isoflavonas de soja o el ginseng siberiano, son algunas opciones naturales que pueden ayudar.
ASUMIRSE.
Sin embargo, las transformaciones propias de la edad son inevitables. Alicia López Blanco, autora de “Mujeres al rescate de la fuerza interior”, reflexiona: “para transitar las transformaciones de la edad con bienestar es fundamental aceptarlas, aunque cueste, como pasa con todo aquello que no nos gusta”. “Con la edad, la mujer –concede Blanco– sufre una importante crisis que no es mirada del mismo modo si se trata de uno u otro sexo. El hombre maduro suele ganar en atractivo mientras la mujer tiende a perderlo. En una cultura como la nuestra en la que la juventud es un valor, transitar la década de los 40 y 50 encontrará a muchos hombres y mujeres en la imposible tarea de frenar el paso del tiempo mediante interminables horas de gimnasio, dietas extremas y cirugías estéticas”.
Un lucha destinada claramente al fracaso, que Panno parodia así. “Hay cambios reales, pero todo empieza por la cabeza. Es cierto que se transforman los pies y ¡hasta las uñas se vuelven más gruesas!, pero a pesar de que la vejez puede ser miserable, se puede ser feliz”. Como en otros asuntos de la vida –propone Panno– la clave está en “negociar, en ver qué se hace con lo inevitable y en derribar mitos”. Por ejemplo, aquel que asegura que ellos –aun los cuarentones– las prefieren jóvenes. “Sí –asiente Panno–, el hombre puede elegir a las de veinte, pero sabe que es un combo, ¿realmente un hombre que ya transitó su primera juventud tiene ganas de ir a bailar? ¿O prefiere una linda cena con velas, una rica cena, una charla interesante y buen sexo como postre? La de cuarenta no tendrá el cuerpo de la de veinte, pero tiene una propuesta más interesante intelectualmente y mayor a largo plazo”. Hoy, a los cuarenta la vida se sigue disfrutando y la palabra felicidad va acompañada de plenitud.


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