Todos nos vestimos para Bill”. Con esta bendición, Anna Wintour, editora en jefe de la Vogue norteamericana elevó a rubro de leyenda al fotógrafo Bill Cunningham. Personaje singular si los hay, a los 83 años se mantiene activo y con su mirada afilada. Como un halcón con su presa, Bill es capaz de pasar horas parado en las esquinas de Nueva York, en las puertas de los desfiles o restaurantes de moda en busca de material de tendencias para su próxima página en The New York Times.
Padre del cool hunter y del street style, declaró que “el mejor desfile de modas siempre ha estado en las calles”. ¿Paparazzi él? “¡No podría serlo!” –niega rotundamente–. “A mí lo que me interesa es la ropa. Uno tiene que hacer su labor de manera discreta y callada, ser invisible”. Los desfiles, la calle y la noche son sus pilares. “No podés llevarle la información al público si no has visto todo eso”, sentenció.
Metódico, a las corridas, o agazapado rebobinando su cámara de manera manual, Cunningham mantiene vigente su estilo: utiliza diapositivas, revelado a la antigua y, sobre todo, su genio para detectar lo indetectable. Con su pose encorvada, su audífono y su cámara en mano, Bill Cunningham se transformó en un personaje reconocido para los neoyorkinos que lo ven trasladarse velozmente montado en su bicicleta desde el SoHo hasta el Upper East Side, siempre con su inconfundible traje azul –“¿por qué usar una chaqueta cara si la cámara cruzada me la arruina?”, argumenta– o su “impermeable” (una bolsa de residuos atada con cinta adhesiva con la que su discípulo Scott Schuman lo inmortalizó en el libro The Sartorialist). “Bill Cunningham es el maestro de la fotografía de moda moderna”, escribió Schuman.
Así, este octogenario con pinta de inofensivo se convirtió en un árbitro que eleva o baja el pulgar en una ciudad donde todos quieren estar, ver y dejarse ver desde sus páginas de sociales –Evening Hours– y de moda –On the street–: “Que Bill te ignore, es la muerte”, aseguró Anna Wintour, quien detiene su paso acelerado y posa gentilmente antes de entrar a un desfile... sólo para él.
Cada semana Bill comenta también su visión de la moda desde la web de The New York Times. Observaciones invaluables de quien lo ha visto todo y conoce (y es reconocido) en persona a los grandes popes del fashion internacional. Sin embargo, el fotógrafo-cronista que a diario se codea con la belleza, el dinero y los círculos más poderosos, conserva bajo su perfil: “se trata de mantener distancia, de esa manera podés ser objetivo”, y pocos conocen su vida privada. Muchos fantasean que es un millonario venido a menos, por sus modales, conocimiento de idiomas y contactos (acaudaladas familias como los Astor y los Rockefeller siempre estuvieron entre sus más calurosos anfitriones).
Sólo el documental Bill Cunningham New York logró revelar parte de su intimidad, echar un vistazo al diminuto departamento –sin baño ni cocina– donde vivió por años dentro del majestuoso Carnegie Hall (allí solían vivir artistas, vestuaristas y sombrereros, su profesión original) entre decenas de ficheros repletos de negativos. Sólo Bill y sus recuerdos. El fotógrafo fue uno de sus últimos seis habitantes, hasta que fue desalojado –en 2010– y reinstalado este año en un regio espacio vecino al Central Park.
TRAS LOS LENTES DE IRIS. Nada rejuvenece más que ver a alguien mayor con el alma activa, alegre y vital. Así se percibe a Iris Apfel (90) cada vez que hace su aparición. Entusiasta, alegre, dicharachera y, por sobre todo, dueña de un irónico sentido del humor, esta “viejita piola” hizo de sus looks su máxima expresión. “La ves y no podés sacarle los ojos de encima”, dicen de ella.
Sin quererlo, con su peculiar pero característica imagen, esta mujer excéntrica se convirtió en un ícono fashion. Otrora una adolescente con sobrepeso, dicen que Apfel se rehizo a sí misma apoyada en sus conocimientos sobre texturas, combinaciones de estampas, colores y, sobre todo, gran personalidad. Fueron sus inmensas gafas –que no logran opacar sus ojos azules– las que la hicieron simplemente única: “¿Necesitaba usar anteojos? Me decidí a usarlos a lo grande”, declaró la mujer a quien muchos le adjudican ser la verdadera musa inspiradora del personaje Edna Mode en la película animada Los Increíbles. Fanática de los accesorios (las joyas son su especialidad) también hizo de ellos su marca registrada. ¿El minimalismo? “¡No tiene alma!”, declaró Apfel, quien adora combinar lo incombinable y, con sus prendas llegó a protagonizar su propia exhibición en el MET, Rara Avis (Ave Rara), de la moda: la irreverente Iris Apfel: “Revisaron todos mis closets, las cómodas... abajo de mi cama, ¡pusieron todo patas para arriba! Hablamos de cinco y terminaron exponiendo ochenta y dos outfits. Fue una locura, pero el show fue un gran hit”, contó entre risas “la adolescente más vieja del planeta”, como le gusta llamarse. Sin medias tintas, Iris Apfel no dudó en declarar que el mal gusto es “una epidemia”. Muchos se sorprenden por su ritmo de vida y por sus salidas semanales con amigos, muchos de 50 años menos que ella y su marido, Carl (94).
“A nuestra edad, muchos de nuestros amigos ya se han ido”, explica ella, dueña de una energía contagiosa, y plantea a quien quiera oírla que “vestirse debe ser una experiencia creativa, emocionante y divertida”. Al margen de la ola de admiración que provoca en la red entre estilistas y jóvenes bloggers de todo el mundo que no se cansan de repetir que quieren envejecer como ella. “No sé usar una computadora, así que nunca vi ninguno de estos blogs, aunque me dicen que estoy por todas partes”, y asegura que el secreto de su éxito es básicamente “no seguir modas, adoptar un estilo individual sin importar cuánto dinero tengas”. Siempre activa, este año Iris diseñó su propia colección de joyas para la firma HSN; colaboró con una línea de maquillaje –Iris Apfel for MAC– basada en su estética y fue convocada por la firma Eyebobs para lanzar una colección de gafas en 2013.


Aún no hay comentarios