Joe le taxi… cantaba una voz suave, angelical; la voz de una chica de 19 años que ya dejaba de ser una estrella pop adolescente para comenzar a ser una joven actriz en la pantalla grande de la prestigiosa industria del cine francés. La que cantaba era Vanessa Paradis, que agregó a sus títulos de celebrities ser la imagen de Chanel para la presentación de su perfume Coco.
Veinte años después, con diez discos grabados y más de una docena de películas en su filmografía, Vanessa es toda una mujer del mundo del cine, la música y la belleza –sus señas particulares, estilo 100% europeo: pómulos marcados, grandes ojos verdes y un delicado espacio entre sus dientes delanteros– y, sobre todo, es una mujer de familia: hace trece años que convive con el actor Johnny Depp con quien tiene dos hijos, Lily- Rose y Jack. Y a los 39 años la marca volvió a convocarla, esta vez para ser la cara de su nuevo labial labial Rouge COCO Shine.
CAMINO A LA FAMA. Paradis nació en 1972 en Saint-Maur-des-Fossés, Francia. Sus padres, André y Corinne, manejaban una empresa de diseño de interiores. Cuando Vanessa tenía 8 años y ya mostraba un interés por la música y las artes escénicas, la llevaron a cantar al programa de talentos infantiles “L’Ecole des Fans”. Sin embargo, su entrada a la fama llegaría en 1987, cuando, a los 14 años, la canción “Joe le taxi” fue un gran éxito en Francia y más allá, trepando en los rankings de ventas y hits más escuchados en todo el mundo, incluyendo nuestro país. El single pertenecía a su primer disco, M&J, inspirado en la polémica relación de Marilyn Monroe con el expresidente norteamericano John F. Kennedy. Ese despertar tan precoz al éxito, con un videoclip en el que bailaba de manera muy sugestiva, le valió un poderoso alias: Lolita modelo 80s. Y no fueron todas rosas para ella. Mientras disfrutaba las mieles de la popularidad, algunos grupos reaccionarios la criticaron por considerarla demasiado “provocativa” para su edad. Gajes de la profesión que se fueron disipando apenas ella demostró al exigente consumidor francés que su carrera iba más allá de un solo single comercial y, mucho mejor, que llegaría a expandirse al cine –una debilidad nacional– donde las críticas especializadas casi siempre le fueron favorables. En 1991 ganó un Premio César –el Oscar galo– como “Actriz Revelación” por su trabajo en Noce Blanche de Jean-Claudde Brisseau. Otro reconocido realizador, Jean-Paul Goude probó su romance con la cámara en el comercial de Chanel en el que ella representaba a un pájaro atrapado en una jaula.
En el principio del videoclip, la cámara ejecutaba un zoom in fulminante sobre sus labios que brillaban silbando una canción. Y precisamente ese mismo detalle de Vanessa regresa, dos décadas después, para presentar en sociedad el nuevo Rouge COCO Shine. Pero volvamos a su historia: en los, 90 cosechó éxitos de taquilla y experiencia de la mano de importantes directores –Patrice Leconte, entre otros– y el nuevo siglo le deparó más títulos y reconocimientos. En 2010 interpretó –en Café de Flore– a la madre de un chico con síndrome de Down, un papel que le deparó más premios. Mientras tanto, su carrera musical siguió como un hobbie de lujo y rentable: en los Estados Unidos llegó a grabar un álbum en inglés producido por el músico Lenny Kravitz, por entonces su pareja.
LA MUJER DEL PIRATA. Nunca se casó con Johnny Deep, pero hace rato que forman una pareja blindada, una de las más sólidas de Hollywood.
La única “tormenta” que atravesaron a la luz pública fue en 2010, cuando a ella le atribuyeron un ataque de celos por la convivencia de su pareja con Angelina Jolie en el rodaje de la película El turista. Sólo la fusión de “el hombre más sexy del mundo” (Depp) con “la mujer más sexy del mundo” (Jolie) pudo contra el indeclinable bajo perfil de la estrella francesa. Pero sólo por un momento.
Vanessa y Johnny se conocieron en 1998, en tiempos en que el actor norteamericano –intérprete de los más extravagantes personajes de los últimos tiempos: El Joven Manos de Tijeras, Ed Wood, Willy Wonka y, más recientemente, Jack Sparrow en la saga Piratas del Caribe– salía con la supermodelo Kate Moss. Fue amor a primera vista y compromiso instantáneo: Lily-Rose –actualmente tiene 13 años– nació al poco tiempo y, tres años más tarde, tuvieron a Jack.
Actualmente viven en una villa en el sur de Francia que sólo abandonan cuando a uno de los dos les toca filmar, generalmente en los Estados Unidos. También tienen ¡una isla en el Caribe!, en Bahamas, a la que bautizaron “Little Hall s Pond Cay”, su lugar en el mundo para escaparse, sobre todo de ser Johnny Depp y Vanessa Paradis, es decir, de la propia fama. En una entrevista reciente a Vanity Fair el actor expresó: “Cada vez que me canso de ser el ‘chico del momento’ y de hacer películas puedo ir a mi isla y desaparecer”. La privacidad, ese bien codiciado entre las estrellas de cine de estos tiempos, es cedido en préstamo ocasionalmente por Paradis y Depp a sus amigos. Por ejemplo, a Javier Bardem y Penélope Cruz, que realizaron ahí su casamiento.
Ya no canta como a los 19, pero su belleza permanece intacta. ¿Y cómo lo hace? Ella responde al enigma: “Nunca olvido lavar mi cara, de mañana y de noche. En cuanto a cosméticos, prefiero cremas de día que no tapen los poros o asfixien la piel, cremas que permi-tan que la piel respire”. Además, agrega que en su tiempo libre disfruta de hacer yoga y ejercicios de respiración, pero advierte: “No tengo demasiado tiempo para rituales de belleza. Trabajo mucho o paso tiempo con mi familia… En todo caso, mi definición de belleza es ser feliz y estar rodeada de seres queridos”.


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