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ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    La historia bajo la piel

    A la vieja usanza, allá por 1851 un boticario con sus frasquitos y fórmulas hacía sus labores sin imaginarse que sus creaciones llegarían a recorrer el mundo. Se trataba de John Kiehl, un farmacéutico cuya sencilla tienda estaba ubicada en el East Village neoyorkino. Su trabajo, apoyado por el de su familia (farmacéuticos y químicos todos ellos) y su atención personalizada comenzaron a tomar renombre en la zona. Pronto, la eficacia de sus preparados tomó relevancia y la novedad no tardó en hacer eco en los exclusivos circuitos neoyorkinos. Rápidamente se comenzó a comentar sobre ese lugar –la esquina de la 3rd Ave. y la 13 St., conocida como la Pear Tree Corner por su peral– donde unos farmacéuticos elaboraban productos de belleza exclusivos, con ingredientes naturales y de gran atractivo sensorial. Limusinas y autos llegaban desde el exclusivo Upper East Side y se detenían frente a sus puertas en busca los preparados de Irving Morse (aprendiz de Kiehl y quien tomó la posta) y con el tiempo los de su hijo Aaron, quien rescató recetas guardadas por años en la familia Kiehl y las dio a conocer al público. Bajo su guía, en 1963 Kiehl’s –que ya comenzaba a ampliar sus horizontes– presentó en sociedad su ‘Aceite del amor’ (conocida como Musk Oil) un producto que, según cuenta la leyenda, fue formulado en los años ‘20 por un pariente de los Kiehl –un príncipe ruso– y se mantuvo en secreto, olvidado en un sótano, hasta su revelación a fines de los ‘50. Fue el mismo Aaron quien vio que en el mercado de productos masculinos había un nicho para aprovechar: entonces ideó una línea específica con productos que pronto captaron adeptos, entre ellos el vanguardista Andy Warhol, uno de sus leales clientes, quien no podía vivir sin su astringente.

    Farmacéuticas, cosméticas, herbales y medicinales, las creaciones de la empresa fueron acomodándose a las necesidades de sus clientes y a los nuevos tiempos, brindando soluciones dermatológicas e innovaciones, como sus samples, los discretos paquetitos de productos que incorporaron en los ‘70 como muestras para iniciar a aquellos que estuvieran interesados en sus productos.

    EL VALOR DE UN NOMBRE. Aun con su crecimiento, 160 años después Kiehl’s se mantiene fiel a los orígenes farmacéuticos que lo hicieron famoso. Reconocible por su característico packaging –discreto, hoy considerado retro–, sus productos fueron valorados y codiciados. A pesar de su continuo crecimiento, el ambiente familiar (ya en manos de Jami Morse, nieta de Irving) en el que se manejó la empresa siempre se mantuvo en pie. Tal es así que varios de sus productos –hidratantes, por ejemplo con protector solar– originalmente nacieron como necesidades explícitas de integrantes de la misma familia para cuidarse de los efectos de la nieve o el sol mientras disfrutaban de su gran pasión por las actividades al aire libre (el campeón de esquí y marido de Jami, Klaus Heidegger, fue gran impulsor del lanzamiento de una completa línea deportiva). El boca a boca entre las grandes damas de sociedad logró que un producto antes considerado frívolo y de belleza, rankeara en tocadores de elite. Pasados los años, la marca logró expandirse hasta abrir sus puertas en las más importantes capitales del mundo (Tokio, Londres, París y, desde 2007, Buenos Aires). Sus fórmulas se convirtieron en el elixir más valorado por las famosas, especialmente preocupadas por mantenerse jóvenes y sanas, entre ellas celebrities como Julianne Moore, Nicole Kidman y Brad Pitt. En 1979, Kiehl’s entró en la historia al ser reconocida por el prestigioso Museo The Smithsonian de Washington D.C. por sus más de cien años contribuyendo con la salud, la ciencia y la tecnología. Sus instrumentales fueron objeto de interés por su aporte histórico. También es con su espíritu filantrópico (la empresa aún mantiene vivos los preceptos familiares de ciencia, consejo, generosidad, servicio, respeto y calidad de sus fundadores) que Kiehl’s continúa apoyando distintas causas solidarias (en 1997 produjo una crema para manos cuyos aportes se destinaron específicamente a la beneficencia), deportivas (acompañando escaladas al Monte Everest, maratones y otras acciones dentro de sus mismos locales, que le valieron menciones en el libro de récords Guiness) y se compromete con temas sociales como la lucha contra el HIV y el medioambiente (en 2008, con su primera fórmula biodegradable de limpieza y acciones ecológicas) y apoyando el comercio a la hora de adquirir el argan, el ingrediente preciado natural de la comunidad marroquí de Mujeres de Targanine. Todas estas acciones le valieron que en 2003 la ciudad de Nueva York proclamara al 12 de noviembre como el Día oficial de Kiehl’s en la Gran Manzana. Sin duda, una marca con peso propio que supo hacerse camino nada menos que a lo largo de un siglo y medio.

     

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