
Cuando era niña, imaginaba mi vida a distintas edades: a los 22 años me veía vestida de novia, a los 30 como toda una profesionista que además era ama de casa y tenía hijos. La visión de los 40 años era muy parecida a la de una abuelita joven. Pero, conforme avanzo en la treintena me doy cuenta que no está ocurriendo nada de eso. No es que mi imaginación fuera desmesurada, más bien, entiendo que mis cálculos estaban hechos de acuerdo al tipo de vida de las mujeres que me rodeaban. Hoy los 40 parecen ser los nuevos 30: mujeres en la flor de la edad, maduras, en un punto crucial de su carrera profesional, con una vida sexual más libre.
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Las celebridades encabezan el muestrario: ahí están Halle Berry, Jennifer Aniston, Monica Belluci y Salma Hayek, por mencionar algunas. No falta quien diga que su ejemplo "no cuenta" porque ellas tienen mucho dinero para pasar, cuantas veces quieran, por el departamento de hojalatería y pintura —real o digital. Pero, más allá de la cuestión física, lo que proyectan se debe a un conjunto de eventos y variaciones en el curso vital.
La imagen actual de una mujer de 40 no tiene nada que ver la de antaño. Las expectativas son otras, siguen activas profesionalmente hablando, proyectan su vitalidad y su belleza sin complejos, se muestran más dueñas de su vida que una chica de 25 años, quizás porque ya han dejado atrás las presiones del sistema de valores.
En retrospectiva...
Por más extraño que parezca, la adolescencia y el llamado "adulto joven" son etapas de la vida que no tienen más 100 años de existencia. Fue a principios del siglo XX cuando surgió la adolescencia, y eso del "adulto joven" no se dio sino hasta la década de 1980. Antes, tanto hombres como mujeres pasaban en un abrir y cerrar de ojos de la niñez a la vida adulta; los hombres vía el trabajo, las mujeres por la maternidad. Aquellas que a los 15 años estaban pariendo a su primer hijo, hoy están en la flor de la adolescencia, con lo que la etapa adulta ha sido aplazada por lo menos otros 15 años.
La autonomía es uno de los factores que han hecho posible este desplazamiento de etapas. Quienes tienen oportunidad de estudiar en la universidad se unen a la vida profesional hasta los 23 años. En adelante, les esperan contratos inestables, aprendizajes laborales, pagar la deuda de la universidad, hacerse de algunos ahorros. Finalmente, hacia los 30, la mujer se encuentra soltera, con autonomía económica, posibilidades de viajar y tiempo para sí misma. Incluso ahora, antes que invertir en una boda costosa, prefieren usar sus ahorros como inversión en una propiedad.
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La llamada crisis de los 40 parece estar desplazándose hacia el siguiente folio (los 50), aunque eso no quiere decir que los 40 sea una etapa sin conflictos. Por ejemplo, las mujeres que optaron por el matrimonio y la maternidad en la treintena, cuando entran a los 40 están concentradas en repuntar su vida profesional y lidiar con chicos adolescentes. Así, más que angustiarse por la vejez que viene o endurecer su punto de vista, se ven obligadas a flexibilizar sus criterios. La presión ejercida por los más jóvenes puede ser motivo de angustia, pero también de aliciente para que muchas mujeres se den la oportunidad de explorar otras posibilidades y salir de sus propios esquemas.
Desafortunadamente a muchas mujeres de esta generación se les ha metido en el estereotipo de la "cougar" (pantera). En general, se llama cougar a una mujer madura —más de 40 años— que se arregla, sale a divertirse por la noche y vive su sexualidad abiertamente sin importarle la edad de los hombres con los que se relaciona. Aunque la imagen de la pantera es elegante, nocturna y sensual, los jóvenes suelen usarla con cierto desprecio, como diciendo "esas señoras deberían estar cuidando nietos". Sospecho que debajo del tono burlón hay desconocimiento, miedo e incluso una envidia muy extraña. (Creo que la figura de las cougars merece un post aparte.)
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En resumen: en un lapso muy corto de tiempo los referentes a la edad numérica han cambiado y se han diversificado. Aunque en ciertos ámbitos persiste un sistema que mantiene a las mujeres fijas en los esquemas de antaño, en otros espacios, la diferencia entre una mujer de 30 y una de 40 se vuelve más difusa: son maduras, no avejentadas, conocen su cuerpo, son dueñas de sí, saben las barreras que pueden romper y gozan de su sexualidad abiertamente.
¿Ustedes qué piensan, son los 40 los nuevos 30?

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