El otro día me tocó escuchar esta
conversación en una fiesta de niños: "Déjalo que corra, que se ensucie, que
juegue con los otros niños", insiste la abuela a su hija. La joven mamá
responde: "No. Si se cae, no puedo salir disparada para levantarlo. Además, los
otros niños son más grandes". Entonces la abuela se acerca a su hija y le dice,
casi como un secreto: "Aprender a levantarse, defenderse y superar la caída por
sí mismo, son las mejores herramientas que le puedes dar a tu hijo para el
futuro. No le niegues esa posibilidad".
Historias como ésta ocurren a diario, y no
sólo a las madres jóvenes. Para muchas personas, las fallas son vistas como una
humillación o una vergüenza de la que no pueden reponerse. Sin embargo, abrazar
nuestros errores hace más sencillo el aprendizaje, pues nos acercan poco a poco
hacia el resultado que queremos.
Las fallas son oportunidades de oro para
quien desee comprender cuál es el sentido de la vida. No hay que temer
equivocarse. Bien dicen que si no
