ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Bebés pequeños, igual a madres desquiciadas. ¿Por qué?

    Había una vez un hombre que se sentía desdichado. Es que la bella y alegre mujer con la que se casó un día ya no era la misma. No lo recibía al llegar del trabajo con el vermouth preparado, ni se colgaba de su saco para llenarlo de besos.

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    Ya no le decía amor antes de comenzar una frase y parecía que la sonrisa se le había borrado para siempre. Se la pasaba todo el día de queja en queja, con los ojos irascibles de odio y arrojándole culpas en idiomas extraños. Finalmente, después de las 12 campanadas la princesa se había convertido en bruja…

    Érase una vez una mujer hermosa, que se había casado con un príncipe y tuvieron dos niños. Esa chica, que solía ser feliz, ya no lo estaba pasando demasiado bien. Desde que su príncipe le pidió que abandonara su trabajo para cuidar a los pequeños, el dinero no alcanzaba. Además, tenía que ocuparse de todas las tareas hogareñas. Corría atrás de la limpieza de la casa, de las cuentas, de la ropa del marido y de los chicos, ah… y también tenía que preparar la comida. Algo nada fácil cuando los bebés reclamaban su presencia.

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