Es obvio que cuando hay un divorcio en la pareja hay muchas otras cosas por las que preocuparse, sobre todo cuando hay hijos de por medio. Pero una de las cosas por las que poca gente se preocupa en principio, pero también tiende a generar más tensiones, es la custodia de la mascota. Para los que tenemos un perro o gato en casa sabemos que no es un objeto más por el que pelear, como la licuadora o la lavatrastos, es parte de nuestra vida, es parte de la familia. Entonces ¿cuál es la mejor forma de llegar a un acuerdo en esto?
En México no existe una ley sobre custodia de mascotas, en Estados Unidos algunos estados si la tienen, lo que ha desencadenado historias prácticamente de terror. Son litigios que pueden durar incluso años. Es también común que cuando las cosas están muy mal alguno de los dos utilice a la mascota como un elemento de negociación o una forma de herir al otro como muchas veces sucede con los niños en las peleas por la custodia.
Lo ideal es no estresarse aún más por estas cuestiones por lo que vale la pena intentar dialogar con la expareja sobre qué es lo mejor para cada uno como individuo y sobre todo lo mejor para el perro o gato.
Para algunas parejas es evidente que la mascota es más cercana a uno de los dos. Puede que sea entonces esa persona quien decida mantener la responsabilidad de quedarse con ella. Si la otra persona desea seguir viendo al perro pueden agendarse fines de semana de visita o algunos días de paseo.
Otras parejas deciden compartir el tiempo que el perro pasa en casa de uno o de otro, cambiando mes a mes o semana a semana, pero en realidad algunos expertos creen que esto no es lo mejor para el animal pues como sabemos los perros son seres de costumbres y rutinas y el estrés de cambiar de ambiente y de dueño cada poco tiempo puede resultar contraproducente.
En casos en que hay niños expertos recomiendan que si ellos están muy encariñados con la mascota, entonces ésta viva donde los niños pasarán la mayor parte del tiempo. Incluso es una forma de lograr que los niños no sientan que pierden todo y obviamente sentirán un confort al saber que su perro o gato sigue con ellos a pesar de la separación.
En general es un acuerdo que si antes de casarse, alguno de los dos ya tenía una mascota que trajo a la relación esa misma persona debe quedársela. Claro, si en sus planes tras el divorcio existe la posibilidad de tener una casa o departamento donde se puedan tener animales. Pues existen veces en que alguno de los dos en la pareja es incapaz de hacerse cargo.
Y tu ¿alguna vez has tenido que pelear por la "custodia" de una mascota? ¿cómo lidiaste con eso? Cuéntanos tu historia.

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