Últimamente y por azares del destino he debido mudarme seguido. He dejado atrás dos casas en menos de un año y para enero estaré en una nueva, donde ahora sí espero poder pasar al menos un par de años. Pero si algo he aprendido entre mudanza y mudanza es que estos tiempos de cambio son ideales para deshacerse de todo aquello que ya no sirve, nos estorba y no es más que bagaje que cargamos sin sentido, a veces incluso convirtiéndose en bagaje emocional.
El otro día una amiga que me está ayudando a empacar en esta tercera y espero definitiva mudanza me dijo, “Creo que debería hacer lo mismo, al menos una mudanza virtual, para ayudarme a limpiar mi casa. Vale la pena preguntarse ‘¿me tomaría la molestia de empacar esto en plástico burbuja para llevarlo a mi nueva casa?’, creo que si no lo haces así tu casa comienza a parecer una mercado de baratijas, por no decir de los closets que terminan por ser potenciales avalanchas de basura.”
Me pareció que tenía razón. Yo soy chachivachera por
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