Solía reírme de mi madre, pues ella es el tipo de mujer que necesita todo un día para empacar una maleta. Si la invitas a cenar un día antes de que salga de viaje te dirá “no puedo, tengo que empacar”, como si al día siguiente fuera a correr un maratón.
Para ella hacer la maleta implica una actividad enorme, algo así como preparar una cena para 20 invitados. Requiere tiempo, planeación, paciencia y mucho cuidado. Lo cierto es que si viajas con ella no te faltará nada. Desde aspirinas hasta zapatos, su lista que revisa de 2 a 3 veces va completa de la A a la Z. Obviamente, mi madre no conoce el término “viajar ligero”.
Una de mis mejores amigas, con quien he ido de viaje desde que tengo memoria, llevaba ya a los 6 años una maleta perfecta. Su madre, dividía todo por “outfits”, los metía en bolsas separadas y ponía etiquetas: lunes, martes, miércoles… Todo estaba perfectamente planchado y hasta le ponía los listones de pelo del color adecuado para cada día. Claro está, que hoy en día mi
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