Si bien las pestañas cumplen una importante función estética, y para muchas es un insustituible atributo físico, no están allí solo para hacernos ver más seductoras: protegen los ojos del polvo y cuerpos extraños, y filtran la luz solar para hacerla más soportable.
Según la dermatología, cada pestaña dura unos cinco meses y luego es reemplazada por una nueva. Pero existe una multiplicidad de factores que pueden hacerla quebradiza, corta e incluso reducir la cantidad de pestañas de que tenemos.
Si nos alimentamos mal, al igual que sucede con el pelo, las pestañas se debilitan. Su crecimiento lento, la caída y la fragilidad pueden indicar falta de oligoelementos (minerales que se encuentran en el organismo en pequeñas cantidades, cuya acción es primordial para el desarrollo normal de numerosas y complejas reacciones químicas en el mismo, como el potasio, el calcio, el hierro, el magnesio o el zinc).
Frotarse con frecuencia los ojos (cosa que sucede cuando tenemos la vista cansada por exceso de horas frente a la computadora, por ejemplo), también daña las pestañas: se quiebran o se caen. Para evitar la picazón en los ojos producida por esta causa (cuidado, porque puede deberse a otras, como conjuntivitis o alergia) más vale usar un colirio de lágrimas para humectarlos.
No desmaquillarse antes de irse a dormir es fatal para las pestañas, que están rígidas debido a la máscara, especialmente si es a prueba de agua. Y mucho cuidado con los rizadores, porque pueden llegar a arrancarlas de raiz.
Para cuidarlas, cepillarlas con un cepillo especial. Elegir una máscara que contenga pantenol (aporta vitamina B5 y ceramidas). Humectarlas suavemente con aceite de almendras. Evitar en lo posible las máscaras a prueba de agua. Y nunca, pero nunca, dejar de desmaquillarse antes de irse a la cama.
YouTube está plagado de consejos para cuidarlas. Elegí el de esta española, que explica cómo aplicarse aceite de almendras y vaselina, porque yo lo he probado, y funciona.

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