La palabra bullying se utiliza para señalar el acoso escolar. Sin embargo, deberíamos observar que este tipo de acoso moral y físico no se produzca en casa, entre nuestros propios niños, o de nuestro hijo con el resto de los habitantes del hogar. Finalmente, lo que proyectamos hacia el mundo empieza en nosotros.

La psicóloga chilena Pilar Sordo advierte que los chicos con problemas de conducta en casa son los que terminan por expresarlo en la escuela. "Son niños que tienen un gran vacío en el alma que no logran percibir en un comienzo todas las repercusiones que una "aparente broma" puede tener para el que la recibe. Pero estas pautas educativas se enseñan dentro de la casa, cuando les permitimos a nuestros hijos que entre los hermanos se molesten todo el día, que se digan 'te odio, no te soporto, mátate, desaparece' y los papás nos quedamos como si nada. Ahí comienza el bullying, cuando les permitimos a nuestros hijos que traten mal a la niñera o incluso cuando permitimos que nos traten mal a nosotros como padres."
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Hay que considerar que los niños generalmente tienen una notoria incapacidad para percibir las consecuencias de sus actos y de ponerse en el lugar del otro.
"Los umbrales de violencia han ido cambiando —analiza Sordo-, ya no es visto como agresivo el garabato cotidiano y eso hace que los códigos de lo que es grave también cambie, por lo tanto debemos tener cuidado de cómo nos estamos tratando en nuestros mundos más íntimos ya que eso es el primer paso de una agresión social."
En un profundo ensayo sobre el tema, titulado "Del tirano doméstico a la violencia escolar", el psiquiatra catalán Paulino Castells Cuixart, explica que "Desde que un niño es etiquetado como 'especial' por sus características personales que —según los progenitores o maestros— lo diferencian de los demás, las posibilidades de que se cometan fallos educativos en la familia aumentan exponencialmente. El escalón siguiente al 'tirano doméstico' es el de 'matón o verdugo escolar', que contempla el acoso entre iguales (bullying) que se establece en el marco docente."
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"Son niños caprichosos, sin limites, que dan órdenes a los padres, organizan la vida familiar y chantajean a todo aquel que intenta frenarlos. Quieren ser constantemente el centro de atención, son desobedientes, desafiantes, que no aceptan la frustración", especifica Javier Urra (2006), psicólogo especializado en cuestiones legales de los menores, en las primeras páginas de su libro "El pequeño dictador", autentico best-seller sobre niños tiranos.
Los profesionales explican que cualquier chico puede convertirse en una tirano. Bien porque son testigos de violencia entre sus padres, bien porque, debido al estilo de vida que llevamos, pasan poco tiempo con ellos, quedan en manos de niñeras y/o instituciones educativas la mayor parte de sus horas, y nosotros, los padres, funcionamos con ellos a partir de la culpa y les consentimos todo.
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Perfil del pequeño tirano (según el doctor Paulino Castells Cuixart)
• Es muy caprichoso.
• Disfruta de molestar a los demás, pero no soporta
que le molesten a él.
• Muestra una baja tolerancia a la frustración:
no acepta los fracasos.
• Es egocéntrico y egoísta; siente la necesidad
de llamar la atención, y exige siempre sus derechos,
pero no le importan los de los demás.
• Atemoriza a los padres mediante pataletas (si
es pequeño) y con amenazas de fuga o con
autolesionarse (si es mayor).
• Hace sentir culpables a los padres mediante
comparaciones con otros niños y constantes
quejas de no ser querido lo suficiente.
• Hijo único (en el 35% de los casos), aunque
también puede ser el hijo mayor o el pequeño
cuando hay diferencia de años con los
mayores.
• Varón en la mayoría de los casos. Se calcula
que hay una niña tirana por cada cinco niños
tiranos.
Propuestas para el tratamiento:
• Ayudarlo a afrontar y a resolver sus conflictos
de una manera no violenta.
• Desactivar, en lo posible, la violencia que
tenga en su entorno, ya sea familiar o social.
• Enseñarle a negociar las crisis y los desacuerdos.
• Entrenarle en habilidades sociales.
• Inculcarle valores altruistas.
• Que considere las consecuencias de su conducta
en los demás (desarrollar la empatía).

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