En un artículo
anterior hablé sobre cómo la repartición de tareas en casa puede ayudarnos
a saber si hay equidad en la pareja. Después de leer los comentarios de algunos
lectores, llegué a la conclusión de que, en teoría, todos estamos a favor de la
equidad: ellos no quieren parecer machos, ellas quieren conservar su autonomía;
ellos quieren participar en la construcción de su familia y asumir su rol de
padres, y ellas no quieren convertirse en súper mujeres que terminan el día
exhaustas después de una triple jornada de trabajo, casa e hijos.
Pero si pasamos a la práctica, ¿qué ocurre cuando uno de los
dos gana menos que el otro? ¿En dónde queda el principio de equidad cuando
llega el primer bebé y es ella quien pone un alto en su carrera para criarlo?
¿En dónde queda la confianza cuando uno de los dos no cumple con su parte de
los acuerdos? Generalmente, cuando nos enfrentamos a los problemas del día a
día, las parejas jóvenes terminamos resolviéndolos con esquemas antiguos que no
