Ser modernas tiene sus privilegios. Si suscribimos a la cultura occidental, en esta era podemos trabajar y ascender en la pirámide laboral (aunque la mayoría tienen trabajos más precarios que los varones). También elegir marido o quedarnos solteras y ser madres, si eso es lo que deseamos. Votar a nuestros gobernantes y protestar si no nos gustan. Y hasta vestir como nos plazca, siempre y cuando, claro, nuestro talle de ropa haya sido contemplado por los diseñadores de moda.

Pero así como la historia de los últimos cincuenta años ha jugado en muchos aspectos a favor de las mujeres, aún nos quedan asignaturas pendientes. Una de ellas, no la principal, es encontrar el equilibrio entre la vida pública y privada. ¡Tenemos que dejar de vivir partidas, tironeadas! ¡Terminar de una vez con la culpa y hacer lo que nos plazca, digan lo que digan!
Para lograrlo, conviene que tomemos conciencia de que hoy estamos viviendo como "normales" situaciones que no lo son. Por eso, qué mejor que
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